___antes de comenzar___

Marzo 23, 2008

Estaba Karen von Bloxen, contando uno de sus cuentos en medio de la sabana de África. Más específicamente en Kenya. Sus kikuyí la escuchaban atentos. Con los ojos fijos en su “membsaab”, fascinados por la historia que sus labios tejían con las palabras que salían de ellos. Cierro los ojos y la puedo ver, sentada, majestuosa, sintiendose maravillada de lo que solo unas cuantas palabras pueden causar en su auditorio.

Y así estaba la baronesa von Bloxen, en su granja en África, sintiendo el viento que mecía sus cafetales. Cierro los ojos y veo la imagen. una imagen hermosa, casi surrealista, perfecta.

Y así, viéndola contar sus cuentos a sus kikuyú y a sus invitados, fue que alguien le sugirió que los pusiera en un libro, para que así todo el mundo los pudiera leer y se maravillara con la hermosura de sus historias…

Yo nunca he sido bueno como “storyteller”, o por lo menos yo encuentro que no logro cautivar a mi auditorio. Pero a veces, sólo a veces, he visto aquella chispa en los ojos de mi auditorio (usualmente muy reducido, solo una o dos personas), como pediéndome que dé más detalles, pediéndome que rescate a la heroína y que de muerte al malo… Y abriendo los ojos o tapándose la cara con las manos cuando llega el final.

Para los que leímos Pinocho, sabemos los que es quedarnos de una pieza… cuando llegamos al final de la primera parte del cuento, que era el final original del libro la primera vez que se publicó; pero los lectores pidieron un cambio, y así fue como Carlo Collodi acepto y redimió al díscolo muñequito. Pero no siempre pasa eso.

Porque hay que ser sinceros: la mayoría e los cuentos de hadas terminan de manera abrupta, con finales crueles, difíciles de aceptar. A Caperucita se la comió el lobo por desobedecer las ordenes de su madre, y ningún cazador la rescató de la tripa del animal; a la Sirenita no se le dio otra oportunidad de volver con los suyos, ni de quedarse humana, el castigo por no aceptarse como era -mi aceptar a sus iguales- fue muy duro, lejos de las versiones dulcificadas que Disney© nos entregó, lejos de aquellos libritos de cuentos que mamá nos leía en las noches de tormenta…

Pero es eso. La historia está dentro del corazón y de la mente de quien la escribe. Y los finales, es en donde comienzan las historias.

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  • 1. Ignacio  |  Marzo 28, 2008 at 1:14 am

    Querido Jon

    Que grato es saber que has decidido plasmar de alguna forma tus emociones, pensamientos e ideas, te felicito por la iniciativa y por la valentia de compartir un poco mas de tu realidad/fantasia con todos los que te leemos .

    Personalmente me dedico a leer todos tus cuentos .
    no hace falta ser un buen storyteller basta un buen oido para escuchar una mente al limite y mucho corazon que de sobra lo tienes.

    recibe un abrazo apretado y las best of luck de mi parte
    de los hielos eternos & lagos virgenes me despido.

    todo lo mejor

    xxx.Nacho.

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