La Huida

diciembre 15, 2008 at 5:46 am Deja un comentario

Abrío los ojos en medio de la oscuridad de la noche, y los dejó fijos en el techo. Tenía un presentimiento: el corazón le palpitaba rápido y sentía un nudo en el estomago. Se agitó bajó las mantas de su cama: cubrecama con los colores del arcoiris, frazadas café y sábanas rosadas.
En medio del silencio escuchó el insistente golpear de la lluvia con el techo. Las latas sonaban bajo la caida de cada gota. La niña se quede escuchando: uno, dos, tres, cuatro… y otra gota más, el corazón latiendo cada vez más rápido y el estomago haciendose cada vez más chico.
- Algo va a pasar – susurró en medio del ruido de la lluvia, con voz apenas perceptible, temerosa de matar el tranquilizador sonido del agua que caía sobre el techo: temerosa de que si lo decía en voz demasiado fuerte, algo sucediera realmente.

Escuchó voces amortiguadas por las paredes. Luego algo que cayó al suelo, ruido de cristales -o loza- rotos. En ese mismo instante, la lluvia cesó. Se quedó esperando. La respiración casi inexistente. Esperando, desesperada y asustada. Sin saber por qué. La casa había quedado en completo silencio. Cerró los ojos con fuerza, y trató de dormir.

……………………..……………………..……………………..……………………..……………………..……………………..……………………..……………………..………………….

Despierta Sofía – había urgencia en la voz de la mujer, aunque hablaba en susurros – ha llegado la hora…
La niña abrío los ojos, y distinguío en la oscuridad la cara de su madre: pálida como siempre, cn el pelo negro y lacio cayendole sobre las mejillas, la boca en un rictus indefinible y los ojos sin brillo alguno, como si no estuviera viva. Sofía escruto en el rostro de la mujer, para ver si lograba leer algo. Pero no descubrío nada.
Vamos Sofía… ¿tienes todo listo, cierto?
La niña se levanto de la cama. Estaba vestida, con una jardinera de cotelé rojo, con una polera manga larga, blanca y calcetines del mismo tono. Se agachó y sacó un par de zapatos de charol rojo de debajo de la cama, y una lonchera rosada, con Minnie Mouse dibujada en ella. Se sentó en la cama -bajo la indiferente mirada de la mujer-, se puso con rapidez y precisión su calzado y se levanto, para caminar con paso sigiloso hasta la comoda, de donde sacó un chaleco verde, grueso y una muñeca con pelo de lana rosada.
Ya estoy lista mamita – dijo, en un susurro, con suave voz.

Y las podemos ver a las dos, caminando bajo la luz de la calle mojada. Una alta, con una maleta en una mano y un bolso al hombro; la otra pequeña con una lonchera rosada en una mano y una muñeca en la otra. Y mientras caminan, las dos piensan en ellas mismas. La madre piensa, con desesperación, en que tiene que escapar lo más lejos posible. La niña, por su parte, en que aquel día cumplía siete años.

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Una cita Volviendo al agua

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